14 agosto 2008

Lisboa: Belém

En la desembocadura del Tajo, donde las carabelas se hacían a la mar en busca de nuevas tierras, Belém es el recuerdo vivo de las épocas de esplendor de Portugal.
Cuando Manuel I subió al trono en 1495, supo beneficiarse de la expansión imperial encargando grandiosos monumentos e iglesias que reflejasen la prosperidad de su época. Dos de los mejores ejemplos del exuberante y exótico estilo manuelino son el Mosteiro dos Jerónimos y la Torre de Belém. En la actualidad, Belém es una extensión de la ciudad, con calles amplias, parques, jardines y un hermoso paseo junto al río, en cuyos muelles atracan hoy veleros deportivos. Antiguamente los monjes del monasterio tenían acceso directo al río y podían ver zarpar los barcos. El Tajo se ha alejado con el paso de los siglos y hoy la amplia y congestionada Avenida da India separa el centro de Belém del bello litoral costero.
 »»» Espacios, monumentos y edificios de interés en Belém:
Las antiguas glorias marítimas de Portugal se plasman en obras y monumentos en torno a la Praça do Imperio, una inmensa explanada con una gran fuente central construida por Salazar para la Exposición del Mundo Portugués de 1940. Al norte de la plaza se encuentra el impresionante edificio del Mosteiro dos Jerónimos, todo un símbolo de la Era de los Descubrimientos y uno de los monumentos más relevantes de Portugal. A la derecha, se habilitó un ala del monasterio en 1893 para albergar el Museo Nacional de Arqueología y a continuación, en el mismo conjunto, se estableció el magnífico y bien documentado Museo Marítimo, que ocupa la capilla que fuera construida por Enrique el Navegante para que los marinos oyeran misa antes de embarcarse a alta mar. Detrás de éste, el Planetario Calouste Gulbenkian fue instalado en 1965, subvencionado por la Fundación Gulbenkian.
El Mosteiro dos Jerónimos (primera y segunda imégenes) supone la obra cumbre del estilo manuelino. Manuel I lo hizo construir en 1501, tras el regreso de Vasco de Gama de su históruico periplo, y se levantó gracias al dinero de la pimienta", un impuesto sobre las especias, las piedras preciosas y el oro. Varios arquitectos colaboraron en su construcción, el más notable fue Diogo Boitac a quien sustituyó Joao de Castilho en 1517, quien se encargara de la creación del claustro en 1544, uno de los más bonitos del mundo, y cuyos arcos y balaustrada están decorados con tracerías y bellas figuras. El monasterio fue cuidado por la orden de San Jerónimo hasta 1834, mnmento de la desamortización de las órdenes religiosas.
La puerta principal del Monasterio se encuentra al oeste. Sobre ella hay escenas del nacimiento de Cristo, a la izquierda esculturas del rey Manuel I y San Jerónimo y a la derecha, de su segunda esposa, la reina María, y San Juan Bautista. Por ella se accede a la nave de la Iglesia de Santa María de Belém, en la cual destacan delgadas columnas que sostienen una impresionante bóveda nervada de 29 x 19 metros sin apoyatura central. A cada lado de la nave se encuentran las tumbas de Vasco da Gama y del poeta Luis de Camões.
Al oeste de la Praça do Imperio contrasta por su aspecto moderno el Centro Cultural Belém, un enorme edificio dedicado a la música, las artes escénicas y la fotografía, e inaugurado en 1990 como sede de la presidencia portuguesa de la Unión Europea.
Al este, sobre la cercana Praça Afonso de Albuquerque, primer virrey portugués de la India, se sitúa el Palacio Real de Belém, residencia oficial del presidente portugués, que Joao V restauró en el siglo XVIII añadiéndole jardines y una escuela de equitación y que alojó temporalmente a la familia real tras el terremoto de 1755. Fue construído por el conde de Aveiras en 1559, antes de que retrocedieran las aguas del Tajo.
Sobre la misma plaza y ocupando un ala del palacio, el Museo Nacional de Carruajes, y cuya colección de carruajes reales, una de las mejores de Europa, incluye un carruaje del siglo XVIII utilizado por el embajador portugués ante el Papa Clemente XI. Muy cerca está el Jardim Agrícola Tropical, un hermoso parque-museo-jardín botánico que fuera en otros tiempos el jardín real del Palacio de Belém y conocido también como Jardim do Ultramar por su gran variedad de plantas tropicales y subtropicales. Y no debemos olvidar una visita a la antigua confitería de Belèm que fabrica desde 1837 los deliciosos pasteles de la zona.
Cruzando las Avenidas de Brasilia y de la India, de cara al río Tajo se levanta el Monumento a los Descubrimientos (Padrão dos Descobrimentos) (tercera imagen). Fue erigido en 1960 para conmemorar el 500 aniversario de la muerte de Enrique el Navegante. Con una altura de 52 metros, Salazar lo mandó construir en honor a los marinos, a los reyes que ofrecieron su mercenazgo y a todos los que participaron en los grandes descubrimientos. Tiene forma de carabela, con el escudo de Portugal en ambos flancos y la espada de la casa real de Avis sobre la puerta. Enrique el Navegante está de pie, en la proa, con una carabela en la mano y, tras él, en dos filas descendentes, las figuras más importantes de la era de los descubrimientos. En el lado norte, sobre el pavimento, hay una enorme brújula dibujada sobre el pavimento, regalo del presidente de Sudáfrica en 1960. El planisferio central, adornado con galeones y sirenas, traza las rutas de los descubridores en los siglos XV y XVI.
Al lado, el Museu de Arte Popular exhibe piezas artesanales de todo Portugal en mimbre, barro, cerámica y otros materiales.
Más lejos, y siempre junto al Tajo, la original Torre de Belém (cuarta imagen) recuerda los tiempos en que era utilizada como fortaleza defensiva tras levantarse por orden de Manuel I. Antiguamente era el punto de embarque para los navegantes hacia nuevas rutas marítimas, por lo que esta joya arquitectónica se ha convertido en símbolo de la expansión de Portugal. El exterior de la torre está bellamente decorado: piedras talladas imitando cordajes, balcones abiertos, atalayas moriscas, arquerías renacentistas, almenas en forma de escudos cruces de la Orden de Cristo, a la cual el rey pertenecía. Destacan el salón gótico de debajo de la terraza, antiguo almacén de armas y prisión, la sala del gobernador, la capilla y la terraza, con fantásticas vistas. En la planta baja hay una imagen de la Virgen del Feliz Retorno, que mira al mar como símbolo de protección para los marinos. Originariamente fue llamada Torre de San Vicente de Belém, en homenaje al santo patrono de Lisboa. El arquitecto a cargo del proyecto fue Francisco de Arruda, orientado por Diogo Boitac, que por entonces estaba a cargo de la construcción del Monasterio de los Jerónimos. Los trabajos comenzaron en 1514 y finalizaron en 1520.
Otros espacios de interés en Belém, ya alejándose del río, son la Ermida de Sao Jerónimo, una sencilla pero interesante capilla monolítica con cuatro pináculos de estilo manuelino situada en una colina y construida en 1514 por Diogo Boitac; y la Igreja da Memoria (imagen inferior), construida por José I dos años después de haber sufrido un intento de asesinato de regreso de un encuentro amoroso con una dama de la noble familia de Távora. Pombal se sirvió de esta excusa para deshacerse de sus enemigos en la dicha familia, acusándoles de conspirar contra la monarquía y en 1759 fueron ejecutados. La iglesia es de cúpula neoclásica y el interior está recubierta de mármol. A la derecha, una pequeña capilla encierra la tumba del Marqués de Pombal, que murió con 83 años, uno después de haberse visto obligado abandonar Lisboa.
Siguiendo la Calçada do Galvão se encuentra el hermoso Jardim Botânico da Ajuda, con más de cinco mil especies vegetales procedentes de África, Asia y América, un enorme drago de cuatrocientos años traído de Madeira y la enorme fuente del siglo XVIII; y el Palacio Nacional da Ajuda, con su opulenta decoración y mobiliario, y que sirviera de residencia real cuando Luis I subió al trono en 1861 y se casara con la princesa italiana María Pía de Savoia.
»» Bibliografía: » Lisboa (Guías Visuales El País Aguilar) » Portugal (Guía Clave Espasa)
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